Empezó a conocerse y a comentarse por el vecindario que mi amo había encontrado en el campo un animal extraño del tamaño de un splacknuck aproximadamente, pero de formas exactamente como las de un ser humano en todas sus partes, a quien también imitaba en todas sus acciones; que parecia hablar un idiomilla propio, había aprendido ya varias palabras, andaba erguido sobre dos patas, era manso y apacible, acudia cuando se le llamaba...Me sacaron enseguida y me colocaron en una mesa, por donde anduve según se me ordenaba, desenviné el sable, lo envainé de nuevo, hice una reverencia al huésped...
Me eché sobre la hierba, que era muy corta y suave, y dormí tan profundamente como no recuerdo haberlo hecho en mi vida, durante más de nueve horas, según calculé, pues amanecía cuando desperté. Fui a levantarme, pero no pude moverme: tendido como estaba de espaldas, descubrí que tenía los brazos y las piernas firmemente sujetos al suelo por ambos lados, y el pelo, largo y espeso, atado de la misma manera. Además sentí unas tenues ligaduras de lado a lado del cuerpo desde los sobacos hasta los muslos. Lo único que podía hacer era mirar hacia arriba; el sol comenzaba a calentar y la luz me hería la vista. Podía oír un ruido confuso a mi alrededor, pero en la postura en que estaba no podía ver otra cosa que el cielo. A poco sentí que algo se movía sobre mi pierna izquierda y que, avanzando blandamente sobre mi pecho, me llegaba hasta cerca de la barbilla; dirigiendo los ojos hacia abajo cuanto pude, observé que se trataba de un ser humano de menos de quince centimetros...